jueves, 12 de junio de 2008

Se suma uno más

Temperley tuvo su segundo entrenamiento con Tempesta como técnico, en lo que es la puesta a punto para afrontar la pretemporada que se aproxima.
Para ello se dispuso 4 grupos:

Naranja: Sosa, Yegros, Salomone, Martínez, Giannunzio, Abraham y Luztky.

Amarillo: Virardi, Micheli, Molina, Ariel Mendoza, Pajón, Impallari y Soler.

Gris: Cérica, Ratto, Salomón, Luís López, Escalante, Quevedo y Maldonado.

Celeste: Lisandro Mendoza, Álvarez, Sergio López, Argañaraz, Gozzarelli, Lazzarini, Nieto, Carreira y De Bortoli.

En trabajo consistió en una fase física y otra de trabajo con pelota, para luego combinarlas.
Luego se armó un fútbol reducido en el que se destacó un gol de Fernando Soler de media vuelta que entró justa al ángulo.

Según lo consultado con el profe Adrián Dinnini, si bien los jugadores sintieron los 15 días sin entrenamiento exigente, están muy bien y espera que paulatinamente se vaya aumentando la carga de los entrenamientos para que la pretemporada que planean hacer no se cobre ningún lesionado.

A los nombres de Crivelli, Impallari, Sosa, Giannunzio y Quevedo, hoy se le sumó el de Ratto, siendo ellos los jugadores que el técnico tiene en mente para ser la base del equipo.
También se está preparando un amistoso para el sábado y se prevé que sea con los dirigidos de Céspedes.
Mañana el equipo volverá a entrenar en el predio de San Agustín.

miércoles, 11 de junio de 2008

Darío Tempesta: " No fue un fracaso, creo que fue un acierto que al no poder armar algo rutilante, haber apostado a formar una base"

En lo que fue el primer día de práctica con el plantel, Intercele pudo dialogar con el flamante Técnico Celeste, Darío Tempesta, quien habló sobre su llegada al club, la ida de Mercuri, la base que quedó y el futuro del equipo.


Por cuestiones de extensión la nota será dividida en dos partes, siendo mañana publicada la parte final de la charla.


Un poco para poner en claro, porque la dirigencia estaba entre la continuidad del Tano y la propuesta de Hilario Bravi, cómo es que se da tu llegada al Club


Me convocó la dirigencia para tener una charla, una reunión y bueno esa charla se fue profundizando y se llega a esto. Cuando hablo con dirigentes, se lo explico a ellos, yo nunca hablo como si fuera a ser el entrenador; yo hablo como si fuera un asesor deportivo y eso me libera para decir lo que pienso, lo que realmente creo que se debe hacer, lo que realmente pienso que se puede conseguir y uno habla liberado, no vendo un proyecto, no vendo un producto, no vendo, digo lo que realmente se debe hacer y si estoyn en condiciones de hacerlo. Eso fue un poco en lo que fue girando la charla y tuve la fortuna que me hayan elegido.


Habías elegido como preparador físico a Mercuri y poco antes de empezar este ciclo el se termina bajando y quedó medio en una nebulosa todo eso, antes de atender rumores, ¿qué sucedió?


Yo con el Tano tengo una muy buena relación, yo creo que es un profesional de primera, hace muchos meses que veníamos charlando de esta posibilidad de trabajo -no en Temperley sino de trabajar juntos – hasta es más, hubo posibilidad de trabajar fuera del país y con él, pero cuando se da está posibilidad, que creo que iba a ser importantísima para los dos, lo convoco. O sea la gente que me acerca al club, arrima mi propuesta, yo le digo que vengo a trabajar con el Tano Mercuri, me pareció muy bien esa posibilidad por un poco lo que representa Antonio en la institución , pero cuando tuvimos que profundizar en algunos temas, el Tano viene de una etapa de trabajo en donde el consideraba que hacer solo la parte física no era lo que quería hacer, quería tener una participación más activa en toda la parte que compete a un cuerpo técnico y quizás tuvimos algunos desencuentro en ese momento. Yo considero que como preparador físico es un lujo, pero por ahí las decisiones puntuales soy una persona como muy compenetrado en mis cosas, muy convencido en lo que quiero y me parece que en lo personal yo necesito ser yo el que tenga la decisión de situaciones que se vayan presentando. El Tano en ese momento, que quizás fue un error mío que cuando lo fuimos charlando no lo supe ver, entonces se han presentando algunas situaciones que el Tano que por ahí pensó que tendría que haber participado y no participó, hubo algunos desencuentros digamos, que llevó a que en buen término lleguemos a un acuerdo que no podíamos funcionar, porque, insisto, yo siento la necesidad por convencimiento, por formación, por la forma de vivir el fútbol de tener la conducción total del equipo de trabajo y por ahí el Tano, lo que estaba buscando o lo que estaba necesitando por su forma de ver, que la ve muy bien, del fútbol, por su forma de trabajar, que lo trabaja muy bien, quizás un poco más que lo es la parte física y bueno, quizás, el desencuentro fue ahí.


Te quedó el plantel con más de 30 jugadores para reducirlo a 25, 26 como querés vos, te ha dejado el cuerpo técnico anterior algo o una carpeta como para facilitarte ese trabajo o te guías por lo que tenés o sabés.


No, yo me guío por lo que sé o la información que tengo. En el caso de Alejo Santamaría es un entrenador que tiene pasión por el ascenso. A Alejo uno le pregunta de cualquier jugador, de cualquier equipo de lo que es el ascenso y no creo que haya alguna persona que pueda tener una exactitud como la que tiene, es más cuando estaba trabajando en el interior siempre era una fuente constante de consulta con él en los refuerzos. Así que cuando se dio esta posibilidad empezamos a trabajar sobre el plantel y sobre las posibilidades de recambio, pero no tiene obligación de dejar alguna carpeta, porque no se deja eso, yo sé que si llamara al Tano Barrella me diría todo lo que tiene que decir y quizás no se da la posibilidad de hablar porque no tengo contacto con él, no tengo una amistad, no tengo la suerte de conocerlo, pero se que si yo le pidiera no tendría ninguna objeción en comentarme todo, porque tengo muy buenas referencias de él como persona y como profesional, así que no se dá porque esto fue muy vertiginoso y el vértigo hace que lo que hoy no se pudo hacer se pueda hacer el día de mañana.


Generalmente se dice que los equipos tienen que tener una columna vertebral, vos crees que Temperley tiene esa columna o tenés que salir a buscar refuerzos en ese punto.


Temperley tiene un buen plantel, tiene una buena base. Creo que jerarquizar más a este equipo va a hacer que realmente sea uno de importancia. Yo digo que con 6 o 7 jugadores y lo que hay se va a hacer algo muy bueno, hay buen plantel. Hubo colegas que por ahí me dijeron que si había sido un fracaso que Temperley no haya conseguido logros en el pasado. Y yo creo que hizo logros importantísimos, haber podido tener una base de plantel, que en algún momento se lo pueda nutrir con algunos más y hacer un equipo competitivo, yo creo que no fue un fracaso, creo que fue un acierto que al no poder armar algo rutilante, haber apostado a formar una base y hoy día Temperley tiene una base.


Los chicos que aparecieron de las inferiores, en este proceso en el que vas a traer jugadores, ¿van a ver reducidas las chances de ocupar lugares?


Siempre digo que hay que trabajar con equipos cortos, de no más de 25, 26, 27 jugadores, eso le da la expectativa al jugador de que si está en el plantel va a tener la posibilidad de jugar. Si uno es de primer relevo va a jugar, si es el octavo no va a jugar.

Entonces, en definitiva, para tener un chico que no va a tener la expectativa del momento, prefiero que siga trabajando en la categoría del él, que siga creciendo y que cuando suba realmente sea por una necesidad del primer equipo. Un ejemplo, por ahí hay un delantero que está pasando un buen momento, pero la primera no necesita un delantero, en este momento, lo que necesita la primera es un lateral, subiría un lateral.

¿Cuándo un equipo se nutre de promesas con esperanzas?, cuando está armado. Uno por ahí cuando arma, ese juvenil –que tiene muchísimas condiciones- ya se lo deja en una posición expectante, pero cuando está armado no en cualquier momento. Lo que veo es que este es un plantel que no está equilibrado, no está compensando, por ahí ha jugado con línea de 3, con línea de 4, cuesta conseguir algunos laterales, o sea dentro del mismo grupo hay puestos que están medios flacos y otros sobrepoblados, entonces la idea es conformar un equipo en el que el eje principal sea la competencia por el puesto.


Mañana la parte final de la nota.

Rodrigo Salomón: "Me la voy a jugar porque sé que algo me va a salir, quiero pensar en mi futuro".

Al finalizar la práctica se pudo hablar con Rodrigo Salomón, quien se desgarró el campeonato pasado y que lo marginó en las últimas fechas, y confirmo el rumor de su alejamiento.

Ahora con el cuerpo técnico nuevo ¿qué expectativas tenés?, porque se mencionó que te ibas o había intenciones.

Es la idea mía. La idea mía es esa, tengo que hablar bien con los dirigentes de vuelta está semana o la semana que viene para definir mi situación, yo ya hablé con ellos así que quedamos en reunirnos de nuevo.

Entonces, la idea es concreta es irse, ¿tenés hablado algo con alguien o algún ofrecimiento?.

No tengo nada, pero me la voy a jugar porque sé que algo me va a salir, quiero pensar en mi futuro. Sí los dirigentes piensan un poquito en mi persona creo que nunca les hice algún quilombo, nunca les mandé una carta documento por no cobrar, siempre me la banqué. Jugando en la primera B no voy a hacer la diferencia que quiero, voy a esperar a ver si me sale algo mejor. Me la voy a jugar en realidad, me la voy a jugar como se dice plata o mierda, me la voy a jugar porque mi familia me banca y confió en mí

Se va a sentir tu ausencia, no sólo en el vestuario a nivel compañero sino también en el campo de juego en el que tuviste cierta regularidad.

Sí, creo que hice un buen campeonato a pesar de un par de expulsiones tontas y de la lesión por la que no pude jugar los últimos 5 partidos, que no pude jugar por el aductor que me molesta, hice un buen campeonato y los compañeros voy a seguir hablando con todos, vivo cerca del club y los voy a venir a visitar y es un grupo bárbaro, siempre nos juntamos.

Se sabía que uno de los que se acercó a Salomón fue Acassuso, pero este rechazó el ofrecimiento.

Temperley pone primera

Temperley comenzó una nueva etapa con Darío Tempesta al mando.
El equipo se reunió a las 9.30 como estaba pactado y tras una rápida reunión con los dirigentes, en la que se presentó el cuerpo técnico a los jugadores, se partió rumbo a San Agustín, donde entrenará al menos por toda esta semana.
Antes del inicio de la práctica hubo una sorpresa, ya que se esperaba una convocatoria de sólo 26 jugadores, pero se pudo ver que el plantel, salvo por las ausencias de Nuñez -volvió a Estudiantes de La Plata- y Gastón Andreoli, era el mismo que utilizó el Tano Barrella. Hasta Lazzarini fue incluido, quien supuestamente debía estar en Rosario. Luego el técnico aclaró a lo largo de la práctica que recién el sábado se tendrá la lista de los que se van.
Poco antes de comenzar con el trabajo físico hubo una charla de alrededor de 30 minutos en lo que el cuerpo técnico aclaró ideas, conceptos y remarcó los objetivos que pretenden alcanzar y de qué forma. Desde lejos se veían algunos gestos de parte del técnico y la atención que prestaron los jugadores a las palabras que este decía.
Al finalizar la charla Tempesta delegó el mando en Dinnini para que empiecen la prácticar formalmente y que básicamente fue el comienzo de un trabajo, con el objetivo de que lleguen en óptimas condiciones a la pretemporada que se iniciará el día lunes.

Lo que viene ahora es determinar qué jugadores serán de la partida y que el técnico tiene en mente para sumarles los refuerzos que pretende traer. Y de charlas varias se puede aseverar que se pretende que: Federico Crivelli, Leandro Sosa, Emiliano Giannunzio, Juan Quevedo e Emiliano Impallari sean la columna vertebral del equipo al que se le sumen refuerzos para pelear el campeonato.
En cuanto a los nombres que se buscarán para sumarse al Celeste hubo recaudos varios para que no trasciendan, pero que no tardarán en empezar a sonar por los pasillos del club por estos días.

martes, 10 de junio de 2008

Minuto cero

Temperley, con Tempesta como flamante técnico, se prepara para el puntapie inicial de un nuevo ciclo y un nuevo sueño.

Mañana a las 9.30 se reunirá el plantel con el cuerpo técnico y se conocerá la lista en la que habrían estado trabajando arduamente en estos días, junto a la dirigencia celeste, para definir los 25 jugadores con los que, según el técnico, desea trabajar.
De está manera todo lo que se vino especulando quedará reducido a nada.


En comunicación telefónica, el delantero Emiliano Impallari afirmó: "Nadie se contactó con nosotros del cuerpo técnico y aún no definimos nada de los contratos, sólo sabemos que el miércoles estamos citados por la mañana y de ahí se verá -agregó- las expectativas son las de siempre ".
Sin embargo," Hay que ver que dice el técnico y qué jugadores quiere".

Por otro lado, se supo que Rodrigo Salomón era pretendido por Acassuso, pero este dijo que no. Tanto el central como el lateral Rubén Ratto, eran jugadores con un pie afuera del club de haber seguido el Tano Barrella, pero ante este nuevo presente con nuevo cuerpo técnico, para ambos es una nueva posibilidad no sólo de mostrarse sino de afianzarse en la titularidad.
Juan Quevedo también es otro que se rumoreó que se iría, pero habría intención de retenerlo.
Federico Crivelli y Emiliano Giannunzio, quienes también habrían sido caratulados como "idas concretas", esperarán la reunión de mañana para sentar posición.
La postura de todos es concreta: pelear el campeonato.
El arquero fue uno de los primeros en todo el Torneo con la valla menos vencida y el volante central, dejó a la vista -cuando estuvo lesionado- que es indispensable para el equipo.


Además, se supo que tanto David Díaz como Diego Rodríguez podrían llegar a estar en condiciones de asumir ritmo de competencia recién en diciembre por lo que se perderían toda la primera parte del campeonato.

Futbol Atorrante de Alejandro Dolina

Vengo trotando con la pelota en los pies. Alguien me ha dado un buen pase y ahora me acerco al área contraria. Presiento un galopito detrás mío y apuro el tranco, asustado. Miro. Lo que veo no me dice mucho. La defensa adversaria está bien ubicada. En cuanto alguno se avive que no se me ocurre nada, me atora y me quita la pelota. Podría tratar de cortársela al wing, por detrás del marcador, pero esas casi nunca pasan. También podría amagar el pase y seguir yo, pero noto en la cara del zaguero central que se trata de un individuo suspicaz: no se tragará ningún amague. De pronto, sin que nadie me lo diga, se que alguien aparecerá desde atrás para ayudarme.

Entonces pongo cara de centreforward, corro al arco. El zaguero se corre un poco para tapar el tiro. Pero yo no shoteo. Le doy suave hacia mi izquierda. Y allí, por donde yo adivinaba, aparece el compañero, libre de marca, ganador, mparable. Casi sin acomodarla le mete un derechazo que entra por cualquier parte. Gol. Después de celebrar con un grito, mientras los rivales deslindan responsabilidades, mi compañero me guiña un ojo. Al pasar me toca, apenas. He pensado como él. He confiado en él. Somos amigos. Sin mirarlo casi, le digo "Bien, che". Soy feliz.

Es hermoso el fútbol de la muchachada. El fútbol amateur, el de los equipos de barrio. El que se juega en canchas alquiladas. O en los pocos potreros que nos quedan. El que llena el Parque Saavedra. O la cancha de Alianza. O la de atrás de los cuarteles de Ciudadela. O los descampados de San Miguel. Sobre ese fútbol se ha escrito poco y mal. No seré yo quien lo remedie. Mi humilde intención es trazar algunos apuntes para que algún estudioso de verdad empiece a escribir de una vez un tratado completo sobre el tema.

Orígenes y dificultades

Un equipo atorrante puede nacer de mil maneras distintas. A veces se compone de caballeros que trabajan en la misma panadería. En otras ocasiones, sus integrantes van al mismo colegio. O viven en el mismo barrio. O los echaron de un equipo anterior. Hubo una época en que no se concebía un grupo de más de diez personas que no tuviera su propio equipo de fútbol. Empresas, oficinas, herrerías, sociedades literarias y simples patotas han dado nacimiento a temas de tan glorioso recuerdo, que a veces uno sospecha que la fundación de ciertas entidades comerciales no ha sido sino el pretexto para la aparición del equipo de fútbol correspondiente.
Sin embargo no todo es tan fácil como parece. Hoy en día resulta bastante dificultoso juntar once. Yo recuerdo épocas en que cada vez que aparecía una pelota, había que echar a patadas a los postulantes. Ahora todos son estrellas. Este no puede porque tiene que viajar a Saladillo. El otro se va a la pileta. Al de más allá, la mujer no lo deja. Después quieren que el fútbol ande bien con semejante morralla. Otro inconveniente es conseguir rivales. -No, nosotros estamos en un campeonato.
-No, nosotros jugamos solamente contra equipos de otras empresas.
-No, este fin de semana ya tenemos partido.
No, nosotros jugamos nada más que los lunes.
No, a esa hora ni locos. Es un infierno, les garanto.

Pero supongamos que usted ha conseguido a once malandras y que ha concertado un desafío contra unos tipos de San Isidro el domingo a las nueve de la mañana en la cancha del Parque Hernández, en San Martín. La noche anterior usted empieza a sufrir. Porque de golpe y porque sí, dos tipos se borran. Hay que conseguir otros dos. Entonces usted comienza un espantoso peregrinaje en busca de reemplazantes. Y llama por teléfono o toca los timbres de sujetos que usted jamás convocaría en circunstancias normales. Y -para peor- los muy canallas se hacen los difíciles.
-¡Eh, recién ahora me avisás! Y usted ruega y se arrastra por el suelo ante troncos irrecuperables tratando de arrancarles la promesa de su asistencia. Al final, cerca de la medianoche, el equipo queda completo, con la desagradable presencia de un pibe de once años y de un cuñado suyo que ni zapatillas tiene. Algo más tranquilo, usted procede a preparar su ropa. Indumentaria clásica: un par de medias llenos de agujeros. Otro par de medias para usar debajo, que también tiene agujeros, pero en otra disposición. Un pantalón con tierra del partido anterior. Un par de zapatillas gastadas y otras decididamente inservibles, para prestarle a su cuñado. Hay también canilleras, pedazos de trapo, piolines y otras basuras que suelen guardarse en la bolsa, más que nada para no tirarlas. Después de esta operación, antes de acostarse, usted mira el cielo. Y con indignada consternación descubre algo espantoso: se está nublando. Son las cuatro de la mañana y usted permanece despierto. Truena. Sopla viento. ¿Lloverá? ¿Podremos jugar igual? ¿Desertará algún pusilánime ante la ventisca? Transpirando a causa de la incertidumbre, usted se duerme a las cinco. Pero a las ocho ya está en pie. Despierto y con el corazón ardiente. Ha limpiado. Sin nada en el estómago, usted se constituye en la cancha del Parque Hernández. cuando llega son las nueve menos cinco. Y le espera una sorpresa desagradable: usted es el primero.
Pasan dos colectivos sin detenerse. El panorama es desolador. Sin embargo, en una punta del parque, como a cien metros de allí, hay unos morochos peloteando. Usted piensa que pueden ser sus compañeros que han llegado más temprano. Trota hasta llegar a ellos: se trata de desconocidos. A las nueve y diez llegan otros atorrantes. -¿No vino nadie? -preguntan inquietos.
-No -contesta usted.
Entonces los recién llegados se desesperan y se indignan. Los contrarios tampoco aparecieron. El partido peligra. Cada vez que se detiene un colectivo, la esperanza ilumina a los reos. Desde antes que el coche pare, ya se van agachando para palpitar a través del parabrisas el arribo de algún otro malandra.
-A esta hora ya no viene más nadie -dice alguien.
Finalmente, a las diez menos cinco, con los nervios destrozados, usted empieza a jugar.

Nomenclatura, indumentaria y heráldica

Llega un momento, después de mucho padecer, después de innumerables desencuentros y partidos frustrados, en que el equipo tiene un elenco más o menos estable. Y aumenta la frecuencia de los desafíos. Entonces va creciendo el espíritu de cuerpo y el deseo de consolidar el grupo. Este sentimiento ha engendrado no pocos clubes de barrio, con sede y todo. Pero la primera medida que garantiza la existencia de un cuadro es la búsqueda de un nombre. Enseguida aparecen propuestas inevitables: "Brisas del Plata", "Once corazones".O sugerencias chuscas, casi murgueras: "Los lonyipietros de José Ingenieros", "Sacale el hilo a esa chaucha".
Me permitiré mencionar -a modo de homenaje- los inmortales nombres de algunos cuadros atorrantes que he conocido: "Halcón de Caseros", "Ciclón de Jonte", "Empalme San Vicente", "Barrio Chino", "Estrella del Sur", "Namuncurá", "Los místicos", "Agronomía Central", "La Academia", "Celtic de Merlo", "La matraca", "Hindú", "Resto del Mundo". Que el olvido perdone a todos ellos. Otro hecho de importancia fundamental para la perduración de un cuadro es la adquisición de camisetas. No nos vamos a demorar en su elucidación. Ya todos sabemos los métodos que se emplean para reunir el dinero: rifas, colectas, sustos y disparadas de toda índole.
Debo hacer notar -eso sí- dos tradiciones que se verifican siempre. La primera exige que las camisetas se estrenen perdiendo. La segunda, que se destiñan al primer lavado.

Personajes del fútbol atorrante


Cesarini decía que uno es igual en la cancha y en la vida. No sé si esto será cierto. Con la gente -ya se sabe- es inútil proponer leyes inmutables. Los postulados sirven para triángulos y cotangentes, pero no para los hombres de carne y hueso. Allí fracasan. Pero volvamos al potrero. Conozcamos sus personajes principales.

El morfón: Azote de las canchas. Egoísta y obcecado. Jamás pasa la pelota. Únicamente lo hace cuando está perdido. Sus pases son imperfectos, de mala gana, mordidos y con efecto. Algunos han querido ver en el morfón una concepción individualista del fútbol. Yo creo, simplemente, que un morfón es un pavote.

El tronco: No sabe nada. Es torpe. Y cada partido es para él una humillación.

El sobrador: Cobarde en la adversidad y fanfarrón en el triunfo. Este jugador suele aparecer cuando el equipo gana tres a cero. Entonces tira caños, intenta lujos y se burla de los rivales.
El pecho frío: Ausente de barullos y entreveros. Nunca se ensucia. Nunca grita. Nunca se enoja.
El loco: Suele ser puntero. Es eléctrico e imprevisible. Jamás hace caso, habla solo y se ríe de sus jugadas absurdas.
El arquero: Nunca supe qué es lo que hace que alguien se vuelva arquero. Quizá alguna oculta vocación de trapecista. Hay algo curioso: los pibes más chicos se desesperan por ir al arco. Conforme crecen abandonan los tres palos y ya grandulones, hay que mandarlos a atajar de prepo.
El tipo que pasaba por ahí: Personaje cuya importancia pocos han comprendido. Es el undécimo hombre. Cada vez que falta uno, los muchachos miran a su alrededor, eligen al morocho más aparente y le lanzan la invitación. ¿Querés jugar? Y el tipo acepta. Lo ponen de cualquier cosa, por allá adelante. Nunca le dan un pase. Lo ignoran. Ni siquiera le reprochan nada. Cuando termina el partido todos se olvidan de él, como si no hubiera jugado. Y quien sabe cuántos triunfos se han cimentado en el humilde trabajo de los tipos que pasaban por ahí.
El pibe: Es más chico que todos y se abusa. Sabe que no lo van a tocar y que hay diez grandotes dispuestos a defenderlo. Lo mejor es darle sin asco.
Hay muchos: el referí, el matón, el héroe, el caudillo, el delegado, el gritón, el que reparte las camisetas, el llorón, el lesionado, el suplente, el pavo y otros mil.

Mentiras criollas

Flotan en el aire algunos conceptos equivocados sobre la táctica y estrategia del fútbol atorrante. Y los futuros tratadistas deberán refutarlos. Veamos algunos de ellos.

"Es lo mismo perder uno a cero que diez a cero" Axioma que pretende inducirnos a atacar desesperadamente aunque nos revienten a goles. Es falso. Es mejor ir perdiendo uno a cero. De este modo con un gol de casualidad, empatamos. En el otro caso, nos ponemos diez a uno.
"Venimos a divertirnos" Frase que le sueltan a uno cada vez que se pone un poco nervioso. Y aquí nos hallamos ante un punto fundamental. "¿Venimos a divertirnos o a hacernos mala sangre?" me preguntan a veces cuando me enojo. Y yo contesto: "A hacernos mala sangre". Sí señor, yo no vengo a divertirme. Para eso está el ludo, el desconfío o el pinchanúmeros, pero nunca el fútbol. Yo quiero sufrir ante el resultado incierto. Padecer la angustia del dominio rival. Sentir miedo ante los golpes y aguantármelo. Quiero imaginar que cada partido es terrible y decisivo. Sé que deberé poner inteligencia y fortaleza. Que hay compañeros que necesitan socorro y adversarios dispuestos a todo. Esta realidad me excita, me entusiasma, me indigna y me enfervoriza, pero no me divierte. Y quienes van a la cancha a divertirse han equivocado el lugar.

Una receta para ganar siempre


No se trata de un esquema posicional. Es algo sentimental. A tomar nota los técnicos, porque esta receta nunca falla. Pues bien: sostengo que el afecto entre los integrantes de un equipo, lo torna invencible.
Por eso no debemos burlarnos socarronamente de aquellos que hablan del "grupo humano". Algo sospechan estos caballeros.
Yo recién lo descubrí hace poco. Una frase de Menotti me lo reveló. El flaco le puso nombre a algo que yo sentía desde hacía mucho tiempo. ¿Por qué uno quiere en su equipo a ciertos tipos?
¿Porque juegan bien? ¿Porque se adaptan mejor al juego de uno? No. Uno los elige porque los quiere más. Ahora lo sé bien. Y sé que nunca podría jugar un buen partido con compañeros a quienes detestara. Es así. Uno está dispuesto a alentar al que se equivoca, si hay afecto. Uno ayuda al que está en apuros, si hay afecto. Uno se mata cuando escucha al amigo que le grita "Bien, Negro". Y este afecto, este viril cariño, es lo mejor que tiene el fútbol.
Este juego, señores, no es una escuela de vida, ni una filosofía, ni una cosmovisión, como pretenden hoy en día los deportistas presuntuosos. Pero el solo hecho de aprender a cinchar por un fin común y sacar la cara por el compañero basta para recomendar su práctica con todo calor.

El puntero llega al fondo de la cancha. Se dispone a lanzar centro. Yo estoy en el medio del área. Muy marcado. El puntero no centrea. Elude a su marcador y se viene hacia el área. Uno de los que me marcaba lo va a buscar. En ese momento me la toca. La pelota viene rasante, firme. Yo presiento algo detrás mío. Amago el remate, pero abro las piernas y la dejo pasar. A mis espaldas entra, imparable, el compañero. Le pega un derechazo terrible. Gol. Cuando vuelve me guiña el ojo. Al pasar me toca, apenas. Casi sin mirarlo le digo "Bien, che". He pensado en él. He confiado en él. Somos Amigos. Soy feliz. Buenas tardes.

lunes, 9 de junio de 2008

Se bajó Mercuri

Temperley no gana para saltos, cuando todo indicaba que estos dos días iban a ser para definir tranquilamente quienes iban a seguir en el club para arrancar la pretemporada con el nuevo cuerpo técnico, Antonio Mercuri decidió bajarse del proyecto y dejar el puesto de Preparador Físico.
Osvaldo Darío Tempesta, quien por estas horas estaría intentando realizar una lista con 25 hombres para trabajar -de 34 debe elegir 20- como él quiere junto a la Comisión, habría sido informado de esto hoy mismo, sin embargo se menciona a Dinnini -acompañó a Tempesta en Brown de Puerto Madryn- como reemplazo.

Intercele intentó esclarecer las condiciones que marcaron el alejamiento del preparador, pero aún no se pudo establecer contacto con el técnico ni con el ex preparador.

Se menciona una intención de Mercuri de ocupar más puestos aparte del de preparador físico y que esto no habría gustado a Tempesta, pero esto es una versión no oficial de los hechos.


En este contexto los jugadores esperan el día 9 para ser informados sobre su condición contractual y esa lista que por estás horas aún está verde y falta definirse.